A menudo, no somos conscientes de que verdad y realidad no son iguales, y que en muchas ocasiones usamos indistintamente estas dos palabras, como si fueran sinónimos. Pero si bien estos dos conceptos no se identifican, al menos sí están estrechamente relacionados y a veces fusionados de tal forma que se incurre en el error de no separarlos. Ya en el evangelio se recogen expresiones que aparentemente confunden estos dos elementos, como: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. La verdad se define convencionalmente como un adecuación entre el pensamiento y la realidad, pero…¿es Cristo una adecuación de nuestra mente a la realidad? Sin duda alguna no es éste el mensaje de las palabras citadas, sino que en ese contexto verdad significa algo similar a “realidad única”.
Así pues, la palabra verdad puede significar cosas distintas, ya que adopta usos diferentes según el contexto y el cotexto. Dos significados que pueden llegar a ser incluso opuestos, como se explicará más adelante. El problema sobre la verdad que pretende solucionar Austin parte de la definición como adecuación, acepción que quizás no sea la más adecuada para afrontar dicho problema. Y es que concebir una verdad dependiente de nuestros enunciados y pensamientos entraña una serie de cuestiones o problemas que quisiera exponer.
El concepto de verdad que utiliza Austin implica la existencia de dos elementos entre los que se establece una relación: enunciado y realidad. La desaparición de uno de estos conceptos implicaría la desaparición de la verdad. Así, por ejemplo, cuando un enunciado no es constatativo (no describe la realidad), sino que es performativo, no es correcto decir de él si es verdadero o falso. Cuando no hay realidad, no puede existir verdad. ¿Ocurre lo mismo cuando lo que no se da es el enunciado?
La realidad no varía según lo que nosotros digamos de ella: existe más allá de nuestro lenguaje y sigue presente cuando callamos. Por tanto, aceptando que la verdad es una adecuación entre enunciado y realidad y no habiendo enunciado, no podríamos afirmar que la realidad sea verdadera. ¿Es posible imaginar una realidad que no sea verdadera, es decir, que no se adecúe a sí misma? ¿Es falsa la realidad puesto que puede no adecuarse a sí misma? La noción de verdad de Austin no solo entraña esta especie de contradicción o imposible, sino que entra en conflicto con el otro uso que le damos a la palabra. Una realidad única se contrapone a una realidad que puede ser falsa, si es que ésta puede existir.
Ante este dilema, a mi juicio, existen tres posibles soluciones: negar la existencia de la verdad, que solucionaría ciertamente el problema de la verdad de una forma drástica; aceptar que la verdad es más bien la realidad única y “seleccionada” de entre un elenco de posibles y totales realidades; y por último, afrontar una búsqueda y aclaración de la verdad en general, a pesar de la convicción de Austin de que esto significaría caer en la “la falacia de la generalización”.
Quizás sea cierto y puede que sea una empresa gigantesca que el hombre todavía no ha culminado. Es más, a pesar de todos los siglos de reflexión filosófica, nos encontramos aún buscando posibles medios para acometer esta empresa. Austin encontró una forma de analizar la verdad expresada en nuestros enunciados, pero su tesis no puede aplicarse a toda la realidad. El concepto de verdad en el que se basa no abarca una existencia exterior al lenguaje, es una acepción limitada del significado real de verdad. Él mismo renuncia a intentar descubrir este verdadero, amplio y universal significado, aludiendo a la “ falacia de la generalización”. Sin embargo, filósofos, científicos, humanistas, religiosos…no deben abandonar la búsqueda de la verdad. Sólo a través de ella podremos conocer la realidad.